"Y el tercer ángel tocó la trompeta.
Y cayó del cielo una gran estrella,
ardiendo como una antorcha;
y cayó sobre la tercera parte de los ríos
y sobre las fuentes de aguas.
Y el nombre de la estrella esel de "Ajenjo".
Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo;
y muchos hombres murieron por las aguas,
porque se habían vuelto amargas."
Apocalipsis 8, 10-11
Y cayó del cielo una gran estrella,
ardiendo como una antorcha;
y cayó sobre la tercera parte de los ríos
y sobre las fuentes de aguas.
Y el nombre de la estrella esel de "Ajenjo".
Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo;
y muchos hombres murieron por las aguas,
porque se habían vuelto amargas."
Apocalipsis 8, 10-11
La sala se había convertido en un templo improvisado. Varias mujeres sacaron algunas estampas, medallas, o cualquier objeto con la imágen de un santo y comenzaron a rezar. Otros esperaban, con la mirada perdida, a un fin que ya habían asumido. Ya casi nadie lloraba. Quizá tenían demasiado miedo para hacerlo. La realidad empezaba a tocarles de cerca y les mostraba sus fauces hambrientas. Y ante eso, poco queda que hacer. Pero a pesar de todo, hay quien no se rinde ni ante lo inevitable.
- Tenemos que saber como funcionan, quienes son, qué quieren hacer... No podemos lanzarnos a ciegas...
- Bea tiene razón. - asiente Pau - Pero, ¿cómo podremos averiguarlo? Creo que no responderán amablemente a nuestras preguntas...
- Yo entraré. - Beatriz mira a los lados - soy la única que puede hacerlo.
- Voy contigo. - dice Jack- Estás loca si piensas que te voya dejar ir sola.
- Lo harás- dice. Y le besa, dejándole literalmente paralizado. Se despide en silencio de ellos y se dirige gateando hacia la puerta que comunica el salón principal con el pasillo que lleva a los servicios.
Obviamente, la puerta está vigilada. Uno de los terroristas, fusil en mano, hace guardia. Descubre a Beatriz cuando ésta intenta pasar a gatas por su lado. La apunta y le pregunta:
- ¿Dónde vas?
- Al labavo. ¿Me acompañas?
- Te acompaño.
Beatriz ahora es Pesadilla, y el terrorista tiene la mirada perdida, está como poseído. Caminando por el pasillo se cruzan con otro de los terroristas.
- ¿Dónde vas con esta loca?
- La llevo al lavabo - dijo el primer terrorista, en un tono uniforme e impersonal.
- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Eres un pícaro... Vé. Te cubro. - El segundo terrorista se dirige al puesto del primero, y mira atrás para comprobar que se meten al servicio.
Una vez dentro, Pesadilla reduce al terrorista y se pone su ropa. Carga con su fusil y, tras esperar un tiempo prudencial, sale y se dirige a ocupar el puesto del terrorista. Tras eso, es cuestión de encontrar el momento, y ver a alguno de los terroristas dirigirse hacia un sitio en concreto para seguirle.
Una mano le toca el hombro, y Beatriz, que ya ha dejado de ser Pesadilla, se gira algo sobresaltada:
- Vamos a cubierto, va a sonar la tercera trompeta.
Entonces, de nuevo, se hace el silencio en la sala, al observar a una mujer que sujeta una biblia. Los rezos cesan, y algunos de los presentes comienzan a hacer la señal de la cruz repetidamente. Entonces la mujer comienza a leer con una voz dulce, perfecta para transpitir paz, las palabras que dan paso a otro horror más.
- Y el tercer ángel tocó la trompeta. Y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha; y cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de aguas. Y el nombre de la estrella esel de "Ajenjo". Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron por las aguas, porque se habían vuelto amargas.
La mujer sigue la rutina establecida, cierra el libro y se aparta, dejando a todos ver las imágenes que se proyectarían. Instantes después comenzaron a sucederse imágenes de centrales nucleares explotando, contaminando todo a medida que la radioactividad se expandía.
Una voz se alzó y dijo:
- Ya no queda mucho para que muramos. El fin se acerca. ¡Dios mío, perdóname!
Tras decir esto, el hombre comienza a llorar escandalosamente, en medio del silencio estupefacto de todos los allí presentes.
Entonces, la mujer que había leído la nefasta introducción cae de rodillas y se oye la misma voz que otras veces, fuerte, profética:
- El sufrimiento purifica, y aún queda mucho que sufrir. Se acerca la cuarta trompeta.
- Tenemos que saber como funcionan, quienes son, qué quieren hacer... No podemos lanzarnos a ciegas...
- Bea tiene razón. - asiente Pau - Pero, ¿cómo podremos averiguarlo? Creo que no responderán amablemente a nuestras preguntas...
- Yo entraré. - Beatriz mira a los lados - soy la única que puede hacerlo.
- Voy contigo. - dice Jack- Estás loca si piensas que te voya dejar ir sola.
- Lo harás- dice. Y le besa, dejándole literalmente paralizado. Se despide en silencio de ellos y se dirige gateando hacia la puerta que comunica el salón principal con el pasillo que lleva a los servicios.
Obviamente, la puerta está vigilada. Uno de los terroristas, fusil en mano, hace guardia. Descubre a Beatriz cuando ésta intenta pasar a gatas por su lado. La apunta y le pregunta:
- ¿Dónde vas?
- Al labavo. ¿Me acompañas?
- Te acompaño.
Beatriz ahora es Pesadilla, y el terrorista tiene la mirada perdida, está como poseído. Caminando por el pasillo se cruzan con otro de los terroristas.
- ¿Dónde vas con esta loca?
- La llevo al lavabo - dijo el primer terrorista, en un tono uniforme e impersonal.
- ¡Ah! ¡Ya entiendo! Eres un pícaro... Vé. Te cubro. - El segundo terrorista se dirige al puesto del primero, y mira atrás para comprobar que se meten al servicio.
Una vez dentro, Pesadilla reduce al terrorista y se pone su ropa. Carga con su fusil y, tras esperar un tiempo prudencial, sale y se dirige a ocupar el puesto del terrorista. Tras eso, es cuestión de encontrar el momento, y ver a alguno de los terroristas dirigirse hacia un sitio en concreto para seguirle.
Una mano le toca el hombro, y Beatriz, que ya ha dejado de ser Pesadilla, se gira algo sobresaltada:
- Vamos a cubierto, va a sonar la tercera trompeta.
Entonces, de nuevo, se hace el silencio en la sala, al observar a una mujer que sujeta una biblia. Los rezos cesan, y algunos de los presentes comienzan a hacer la señal de la cruz repetidamente. Entonces la mujer comienza a leer con una voz dulce, perfecta para transpitir paz, las palabras que dan paso a otro horror más.
- Y el tercer ángel tocó la trompeta. Y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha; y cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre las fuentes de aguas. Y el nombre de la estrella esel de "Ajenjo". Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron por las aguas, porque se habían vuelto amargas.
La mujer sigue la rutina establecida, cierra el libro y se aparta, dejando a todos ver las imágenes que se proyectarían. Instantes después comenzaron a sucederse imágenes de centrales nucleares explotando, contaminando todo a medida que la radioactividad se expandía.
Una voz se alzó y dijo:
- Ya no queda mucho para que muramos. El fin se acerca. ¡Dios mío, perdóname!
Tras decir esto, el hombre comienza a llorar escandalosamente, en medio del silencio estupefacto de todos los allí presentes.
Entonces, la mujer que había leído la nefasta introducción cae de rodillas y se oye la misma voz que otras veces, fuerte, profética:
- El sufrimiento purifica, y aún queda mucho que sufrir. Se acerca la cuarta trompeta.




1 comentarios:
A ver que lo lei, el primer día que lo escribistes, pero no comente, no me acuerdo muy bien por que.
El caso es que en su día se me hizo corto. Y Directo, no se si es bueno o malo, pero me dejo con sabor a poco. Para mi quizás no ha tenido la fuerza de otros capitulos.
saluDOS
Publicar un comentario en la entrada